DOMUS TEMPLI



LA RUTA TEMPLARIA EN LA CORONA DE ARAGÓN


La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, también llamada Orden del Temple cuyos miembros son conocidos como Caballeros Templarios, fue una de las más poderosas Órdenes militares cristianas de la Edad Media. Se mantuvo activa durante algo menos de dos siglos, siendo fundada en 1119 por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payns tras la Primera Cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista. La Orden fue reconocida por el patriarca latino de Jerusalén Garmond de Picquigny, que le impuso como regla la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro.
Aprobada oficialmente por la Iglesia Católica en 1129, durante el Concilio de Troyes (celebrado en la catedral de la misma ciudad), la Orden del Temple creció rápidamente en tamaño y poder. Los Caballeros Templarios tenían como distintivo un manto blanco con una cruz roja dibujada en él. Militarmente, sus miembros se encontraban entre las unidades mejor entrenadas que participaron en las Cruzadas. Los miembros no combatientes de la Orden gestionaron una compleja estructura económica dentro del mundo cristiano. Crearon, incluso, nuevas técnicas financieras que constituyeron una forma primitiva de la moderna entidad bancaria. La Orden, además, edificó una serie de fortificaciones por todo el mar Mediterráneo y Tierra Santa.
El éxito de los Templarios se vincula estrechamente a las Cruzadas. La pérdida de Tierra Santa derivó en la desaparición de los apoyos a la Orden. Además, los rumores generados en torno a la secreta ceremonia de iniciación de sus miembros crearon una gran desconfianza. Felipe IV de Francia, fuertemente endeudado con la Orden y atemorizado por su creciente poder, comenzó a presionar al papa Clemente V con el objeto de que tomara medidas contra sus integrantes. En 1307, un gran número de Templarios fueron apresados, inducidos a confesar bajo tortura y quemados en la hoguera. En 1312, el Papa Clemente V cedió a las presiones de Felipe IV y disolvió la Orden.
Su abrupta erradicación dio lugar a especulaciones y leyendas que han mantenido hasta nuestros días el nombre de los Caballeros Templarios.
Lo cierto es que la Orden del Temple siempre estuvo rodeada de secretos y un cierto misterio y, muy posiblemente, a pesar de los múltiples estudios que se han realizado al respecto, nunca queden desvelados.

LA RUTA DOMUS TEMPLI
La ruta Domus Templi avanza a través de tres territorios y une las ciudades de Monzón (Huesca), Lleida, Miravet (Tarragona), Tortosa (Tarragona) y Peñíscola (Castellón).
Domus Templi (las Casas del Temple) pretende ofrecer al visitante la posibilidad de descubrir la huella templaria en la Corona de Aragón. Se trata de un patrimonio arquitectónico e histórico de gran interés al que, hasta ahora, no se había prestado mucha atención.
La ruta recorre, básicamente, los escenarios de los siglos XI y XII, los territorios donde se fijó la frontera entre el mundo cristiano y el musulmán. Una zona de cruzadas que afectaba sobre todo a las riberas bajas de las cuencas del Cinca, del Segre y del Ebro.
En estos territorios, los Templarios llegaron a articular grandes dominios feudales, que eran administrados desde los principales centros de gestión o desde Encomiendas como las de Monzón, Gardeny, Miravet, Tortosa y Peñíscola.
Castillos, conventos, torres, cortijos, iglesias y conjuntos urbanos, la mayoría de los cuales han llegado hasta nuestros días, están presentes a lo largo de toda la ruta y son el mejor testimonio para descubrir la forma de vida de los Templarios de la Corona de Aragón.
Después de que la Iglesia europea reconociera la nueva Orden en el Concilio de Troyes (1129), contó con el apoyo intelectual del influyente abad cisterciense Bernardo de Claraval. Así, el Papa Inocencio II dotaba a los Templarios de los privilegios necesarios más importantes y, en 1147, Eugenio III les concedía el hábito distintivo con la capa blanca y la cruz roja.
Ya desde el principio fue muy bien acogida en Occidente, donde se alzaron numerosas Encomiendas para administrar los enormes beneficios recibidos. Hasta su disolución, llevada a cabo por Clemente V en 1314, el Temple creó una estructura de casi un millar de castillos, preceptorías y casas subsidiarias, cuyos ejemplos se pueden encontrar todavía en casi todos los países del Occidente cristiano y gran parte de Oriente Medio.
El Temple en la Corona de Aragón se estableció hacia el año 1130. La orden recibió todo tipo de privilegios de los distintos estamentos y de todas partes. La actitud generosa de nuestros soberanos y, sobre todo, la habilidad política de Ramón Berenguer IV, consiguió la vinculación templaria a la conquista cristiana. Participaron en las principales campañas militares de los siglos XII y XIII, que significaron la expansión territorial de la Corona. A cambio, el Temple recibió numerosas donaciones que le permitieron articular grandes dominios feudales. Estos dominios fueron administrados desde imponentes fortalezas, que conformaban las sedes de las principales Encomiendas de la Corona de Aragón.
Cuando, en 1307, el Papa ordenó la detención de los Templarios, aquellas fortalezas opusieron una resistencia tenaz, especialmente Monzón, Miravet y Peñíscola, que fueron tomadas después de un largo asedio.

M O N Z Ó N
Los Templarios recibieron el castillo de Monzón en 1143 y, un poco más tarde, la capilla real de San Juan. El rey Jaime I (1208-1276) fue educado en esta Encomienda bajo la tutela de Guillem de Mont-rodón. Este castillo fue el último bastión de la Orden, resistiendo heroicamente ante las tropas del rey Jaime II.
El conjunto conserva cinco torreones repartidos por el patio de armas. Alrededor de la torre del homenaje (siglos IX-X), que combina en sus muros los cantos rodados y la sillería, se sitúan el templo, el refectorio, los dormitorios y la torre de Jaime I.
El templo, de apariencia defensiva y que, actualmente, alberga un centro de interpretación dedicado a la Orden del Temple, contiene un túnel subterráneo con salida al exterior y con entrada desde el ábside. Las caballerizas, los cuerpos de guardia, el polvorín, las cisternas, los pasillos y las baterías defensivas (siglo XVIII) del cuartel de artillería completan el magnífico recinto muy bien conservado.
En todo Aragón, el Temple alcanzó una gran prosperidad y hegemonía. Tras la muerte de Alfonso el Batallador, que les legó parte de sus dominios, se inició una revuelta en la nobleza para dar continuidad al linaje. Pero los Templarios fueron resarcidos del incumplimiento del testamento del monarca y comenzó un periodo de colaboración de la Orden en la expansión del reino de Aragón.
La huella de los Templarios en la Corona de Aragón alcanza un especial protagonismo en esta ruta Domus Templi.
A pesar de sus ruinas, el castillo de Monzón adquiere el perfil de leyenda que deben tener los muros que forjaron la historia. La fortaleza se yergue en el centro de la ciudad y su iglesia contaba con túneles ahora bloqueados que conectaban con una casa que los Templarios tenían en el pueblo, con el río y una fuente. En los alrededores se encuentra el santuario de Nuestra Señora de la Alegría y los castillos gemelos de Belver y Chalamera.
El castillo de Monzón está declarado como Monumento Nacional.

G A R D E N Y
En el año 1149, un grupo de Caballeros Templarios que participó de forma activa en la cruzada contra la ciudad musulmana de Lleida recibía, en compensación, la colina de Gardeny; y un espacio en el que, hacia el año 1156, se levantaría un nuevo convento, la sede de una nueva Encomienda templaria. Con el tiempo, la Casa de Gardeny llegó a articular un gran patrimonio, que le permitió convertirse en uno de los principales centros de decisión de la Orden en la Corona de Aragón.
Inspirado en modelos de la arquitectura occitana, este convento todavía conserva parte de sus murallas, la torre habitación o donjon de dos plantas, la torre del homenaje adosada que albergaba las dependencias nobles de la casa y la iglesia conventual dedicada a Santa María, que conserva uno de los pocos testimonios en Europa, de pintura mural en edificios templarios.
Su centro de interpretación permite conocer la historia de la Casa Templaria de Gardeny.

M I R A V E T
Ramón Berenguer IV conquistó Miravet en el año 1153. Este territorio se convirtió en el distrito de La Ribera, del que dependían 27 casas y, más tarde, las Encomiendas de Horta y Ascó.
Miravet controlaba el paso fluvial y terrestre hacia el interior. También funcionaba como importante centro administrativo y político.
Los Templarios convirtieron el hisn andalusí en un innovador castillo-convento de estilo románico de transición y fórmulas cistercienses en el que se unen los conceptos militares y conventuales.
El conjunto conserva 14 dependencias ordenadas alrededor de un patio central en tres niveles (portería, aljibe, refectorio, bodega, silos, torre del tesoro, atrio, templo, sala del comendador, etc.). Las murallas se extienden por una peña sobre el río Ebro.
Por debajo queda la antigua alquería musulmana con la Església Vella y, en las afueras, Lo Pas de la Barca y el Raval dels Canterers, donde todavía sigue este oficio tan arraigado en Miravet.

T O R T O S A
La encomienda de Tortosa fue la primera que los Templarios instalaron en las tierras del bajo Ebro una vez conquistada la ciudad, en el año 1148, por Ramón Berenguer IV. La Orden del Temple tuvo en su poder, entre los años 1185 y 1294, el pleno dominio de la ciudad después de incrementar su patrimonio, en gran parte gracias a las donaciones del rey Alfonso II.
Los Templarios impulsaron la urbanización extramuros donde están situados actualmente los barrios de Sant Jaume, Remolins, Santa Clara y el Temple.
El topónimo Temple recuerda la ubicación de los terrenos donde tuvo su sede la Encomienda, construida estratégicamente junto al río, controlando el paso fluvial y la puerta principal de la ciudad.
A pesar de que el castillo de la Suda tiene un origen anterior al Temple, la Orden tuvo importantes obligaciones militares por la relevancia estratégica de la Encomienda, defendida, además, por torres como la del Prior y la de Font de Quinto, en los núcleos de Jesús y Campredó.

PEÑÍSCOLA
El castillo pontificio templario de Peñíscola se encuentra sobre una pequeña y rocosa península rodeada por las aguas del Mediterráneo y provista de un surtidor propio de agua dulce. Fue construido por la Orden del Temple entre 1294 y 1307, siguiendo el modelo de Miravet y manteniendo un efectivo estilo románico cisterciense de transición.
En la actualidad se puede considerar el castillo templario mejor conservado.
El conjunto forma un cuerpo superior flanqueado por cuatro torres y dispone de unas once dependencias (portería, cisterna, prisión, sala de armas, refectorio, cocina, templo, etc.) distribuidas en dos niveles, alrededor de un patio elevado.
Es famoso, además, por haber sido escogido por el Papa Luna como sede papal durante el Cisma de Occidente.
La cristiandad se levantó en armas y los santos batallones formados por la Orden del Temple en diferentes reinos europeos y convocados por el máximo representante de Dios en este mundo, se dirigieron a conquistar Tierra Santa de manos musulmanas, en diferentes cruzadas sucesivas.
El Domus Templi es el máximo exponente de la ruta de la Orden Templaria a lo largo y ancho de la Corona de Aragón, y muy interesante su visita.

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LOS TIGRES DE RANTHAMBORE




Para las gentes que habitan en las aldeas lindantes con la jungla, el tigre de Bengala es el más poderoso de los animales. Valiente, majestuoso, bello… la viva imagen del Shere Khan de Rudyard Kipling. Símbolo de ferocidad para unos, de nobleza para otros. Venerado como un dios por el hombre religioso, pero que ha venido siendo expulsado de sus tierras por este mismo hombre a través de los años, cazado por su piel, prisionero real de los zoológicos de medio mundo y considerado muy peligroso, es, de alguna forma, el símbolo de la India, víctima emblemática de las contradicciones de este país, presa entre los problemas presentes y los esplendores pasados.
Los sabios se retiran a la selva para meditar. Los rastreadores la recorren en busca de sus huellas. Por su parte, los campesinos pasan días enteros en su interior en busca de plantas medicinales o arreglando un camino. Durante miles de años, recogedores de bayas, leñadores, recolectores de miel… adquirieron un profundo conocimiento sobre la fauna selvática.
Un tigre cerca de los campos de cultivo significaba el alejamiento de ungulados, roedores y monos. Protegiendo las cosechas se garantizaba la supervivencia de las aldeas. Cuando había necesidad se sacrificaba con gusto un buey para satisfacer a la fiera hambrienta. Los incidentes resultaban raros. El tigre era con frecuencia ennoblecido e incluso a veces deificado.
Pero desde hace un par de siglos, el hombre, ignorando la realidad ecológica y su delicado equilibrio, busca ganancias a corto plazo y dilapida de forma inconsciente su patrimonio, avanzando cada vez más en el interior de las zonas forestales, transformándolas progresivamente: los árboles son abatidos en masa y millares de animales mueren o sufren heridas. La fauna abandona estos lugares hollados por el hombre.
El tigre, solitario por naturaleza, pierde así uno de sus elementos esenciales: la calma del entorno. Los incidentes entre el hombre y el tigre aumentan. Propagado por los buscadores de pieles, los madereros o los cultivadores de caña de azúcar, el mito del tigre “devorador de hombres” crece cada vez más al transformarse en un enemigo a batir, temible y totalmente desconocido.
Por fortuna, a mitad de camino entre Bharatpur y Kota, existe el Parque Nacional de Ranthambore, una de las mejores reservas de la India y uno de los principales ejemplos de los intentos de conservación del llamado -Proyecto Tigre-.

EL AUTÉNTICO “REY DE LA JUNGLA”
Siempre es un emocionante recuerdo el que se guarda tras contemplar la primera aparición de este magnífico animal en el corazón de este parque.
Suelen seguirse sus huellas desde el alba, a lomos de elefante o bien en un vehículo todo-terreno, atravesando bosque y bordeando los lagos. La vegetación es densa, existen algunos bambúes gigantescos y cada vez resulta más difícil vislumbrar a través de la espesa selva.
Cerca de la fortaleza, medio escondido en un alto rocoso, se le suele sorprender, valiente y majestuoso. El marco de verdor acrecienta su misterio dándole un aspecto casi irreal. Camuflado de forma admirable entre los juegos de luces y sombras, sin preocuparse de la presencia de los inesperados visitantes. Las imponentes patillas blancas de su rostro son inconfundibles en un macho adulto. El blanco lechoso de su vientre y pecho hace resaltar su piel de fuego con rayas oscuras. Sus enormes patas provistas de pequeñas almohadillas de color negro con una más grande en el centro, poseen articulaciones delicadas y resistentes que le dan ese característico caminar flexible y elástico. Las patas impresionan siempre por su tamaño y por su poderosa estructura, a pesar de la suavidad de su aspecto, podrían arrancar la cabeza de cualquiera de una sola caricia.
Bosteza, dejando al descubierto su temible dentadura de carnívoro y se tiende en el suelo. Luego vuelve a levantarse lentamente, observa con indiferencia a su alrededor y se aleja, desapareciendo entre la lujuriosa vegetación.
En las últimas horas de la tarde, después de atravesar el desfiladero que da acceso a la fantástica jungla de Ranthambore, delante del Jogi Mahal, es otro punto interesante de observación. El Jogi Mahal es un antiguo palacete de caza del maharajá de Jaipur. Un pequeño edificio de color rosado escondido entre los álamos ribereños del lago Padam, a la sombra de las ruinas de la fortaleza milenaria desde la que se contempla casi toda la región, los lagos de
Padam, Rajbagh y Malik, los suaves valles y colinas, los bosques, los profundos barrancos y los lugares más recónditos a los que no llega el sol.
Los tigres pueden permanecer agazapados un día entero a la espera de una presa. Observando con detenimiento como si sopesara las posibilidades de éxito.
De repente suena el berrido de un sambar que pone en alerta al resto de su rebaño. Los demás ciervos permanecen inmóviles y miran todos en la misma dirección. Presienten el peligro.
Traidoras, las lianas del sotobosque tiñen la penumbra de colores amarillo y anaranjado, ofreciendo al gran felino rayado un magnífico camuflaje.
El tigre se presiente cerca, está en alguna parte, invisible a los ojos del visitante.
Durante unos instantes reina una gran tensión. Escudriñando con ojos y oídos la selva que el visitante va atravesando. A lo largo de muchos e infructuosos rastreos suele sorprenderse al resto de animales que pueblan el parque.
De repente, surge ante la vista el magnífico animal. Excitados por el encuentro, se olvidan todos los miedos y llega el momento de utilizar la cámara fotográfica. Todo con el máximo silencio y lentitud de movimientos.
El tigre suele avanzar indiferente a la presencia del visitante, pero con gran majestuosidad. Puede ser una tigresa que va protegiendo a sus pequeños o bien en solitario, de cacería y está hambrienta. En cualquier caso el peligro está asegurado.
Los berridos de alarma de los cérvidos ponen en tensión al resto de pobladores de esta jungla. A su vez, los cocodrilos también permanecen inmóviles entre los nenúfares de los lagos, con sólo sus prominentes ojos asomando sobre la superficie del agua. Su agilidad en la profundidad del lago es mortal. En la estación seca suelen cazar incluso ungulados con facilidad.
Los sambar y los chitales que ya han olvidado a la tigresa, salen al descubierto corriendo un grave riesgo.
Como una exhalación, truncando la placidez del atardecer, con una velocidad extraordinaria de agilidad y movimientos surge el felino rayado que se abalanza sobre el rebaño de cérvidos. Todos huyen en desbandada, pero ella ya tiene una presa entre sus poderosos dientes.
Los lagos, riachuelos y la selva de Ranthambore son el escenario de un perpetuo combate a vida o muerte entre los animales que lo pueblan.
Los tigres no siempre tienen éxito en sus ataques. La tensión acumulada durante las largas horas de espera al acecho, seguida de asaltos en terrenos a veces difíciles y rocosos, desgastan sus fuerzas y les obligan a largos periodos de reposo entre cada tentativa.
Además, los enfrentamientos con los grandes herbívoros, suelen ser peligrosos y pueden dejarles malos recuerdos. Patadas, arañazos, cornadas, músculos lastimados, heridas de las que no siempre se recuperan a causa de sus débiles defensas contra las infecciones.
Cuando está lo suficientemente cerca de la víctima, el tigre siempre salta sobre ella y le parte la columna vertebral con sus 300 kilos de peso o con una dentellada precisa en la nuca que le secciona la médula espinal
El descenso del nivel del agua en la estación seca y la concentración de la fauna junto a los lagos, atrae a los grandes felinos, mal adaptados al calor y que también necesitan refrescarse. La temperatura en Ranthambore suele oscilar alrededor de los 48 grados.
Solitarios por naturaleza, evitan encontrarse y con frecuencia se acercan a los aguaderos durante la noche para interferir lo menos posible en el territorio de otra fiera. El encuentro con otro macho puede tener fatales consecuencias.
Buscando el frescor, muchos tigres pasan el día ocultos en los barrancos que se extienden junto a la base del fuerte y entonces resulta difícil observarlos.

ESCENARIO DE UNA SANGRIENTA HISTORIA
Una de las más impresionantes y misteriosas fortalezas de Rajasthan es la que se halla en el interior del parque nacional de Ranthambore.
Encaramada sobre un gran risco, sus ruinas surgen entre la densa vegetación que la rodea. Es uno de los mejores ejemplos de fortaleza protegida por la propia selva. Un lugar casi inaccesible en su época.
Construida en el año 944, posee una complicada y sangrienta historia. Al principio se convirtió en un lugar estratégico y de gran importancia, dado que controlaba el comercio existente entre el norte del país y la India Central, de ahí que fuera tan codiciado por los gobernantes de aquellas tierras. En 1192 fue tomada por los Chauhan, expulsados de sus bastiones en Ajmer y Delhi.
A finales del siglo XIII vivió una época gloriosa durante el reinado de Hammir Dev, último gobernante de la dinastía Chauhan, pero fue saqueada por el musulmán Ala ud Din Khilji en 1303. El fuerte fue dramático testigo del acto conocido como jauhar o suicidio en masa arrojándose a una hoguera de todas las mujeres que pertenecían a la realeza, para evitar caer en poder del invasor en la fortaleza.
Recuperada más tarde por los rajputs, en 1569 pasó a manos del gran emperador mogol Akbar, quien luego de someterla a un incesante asedio por espacio de casi cuarenta días, se hizo con el control del fuerte.
Cuando pasó a manos de los emperadores mogoles, se convirtió en prisión. Los prisioneros solían permanecer en las celdas hasta el momento de ser ejecutados, siendo arrojados desde lo alto de las almenas. La mayoría terminaban devorados por las fieras.
En el siglo XIX, la fortaleza de Ranthambore fue devuelta al maharajá de Jaipur, hasta que llegó la independencia india en 1947.
El acceso a la fortaleza se realiza a través de un angosto desfiladero en el interior de la propia jungla, fortificado por una tortuosa muralla. A lo largo del camino se alzan las cuatro puertas, defendidas con estacas contra elefantes, enormes cadenas y un diseño zigzagueante destinado a dificultar el paso.
Hay que destacar el enigmático y antiguo monolito de Ranthambore, situado junto a la tercera puerta. La cuarta puerta se encuentra en la parte superior de una escalera y está reforzada por una torreta.
Un laberinto de túneles abovedados conduce hasta el interior de la fortaleza, hoy en ruinas. Aún pueden verse dos pequeños templos y los restos de un depósito de agua.
El lugar ofrece, asimismo, otras interesantes atracciones para los visitantes. Para los amantes de la historia, la fortaleza es origen de un sin fin de leyendas que son contadas por los nativos de los alrededores, siendo también de interés los diferentes templos hindúes, dedicados a las deidades Ganesh y Shiva principalmente, que se ubican en el perímetro del parque.
Las silenciosas ruinas de la fortaleza de Ranthambore ofrecen una excepcional panorámica de la selva circundante. El núcleo central del parque abarca una superficie de 230 kilómetros cuadrados.
Ranthambore es famoso por sus tigres, que deambulan entre las ruinas del fuerte y a menudo abaten a sus presas ante la atónita mirada de los visitantes. Es uno de los lugares favoritos de los aficionados a la observación de la naturaleza. El comportamiento del tigre lo hace diferente al de otros grandes felinos, ya que tiene la capacidad de ocultarse y fusionarse con su entorno. Esta es una de las principales técnicas de supervivencia que tiene este maravilloso animal.
A la entrada del parque existe un cartel que indica: “No se decepcione si no puede ver un tigre, el tigre seguro que lo habrá visto a usted”. Ellos son los auténticos dueños y señores de la jungla, los guardianes de la fortaleza de Ranthambore.

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L A O S



EL REINO DEL MILLÓN DE ELEFANTES


Misterioso y aislado del mundo durante décadas, el reino de Lan Chang, la llamada “tierra del millón de elefantes”, es profundamente religioso. A orillas del río Mekong y en el corazón de la antigua Indochina, ocupa un territorio virgen, enigmático y auténtico paraíso en el sudeste asiático. La sonrisa de los laosianos es la mejor bienvenida para el viajero.
Laos es un país sin litoral que está limitado por Myanmar, antes Birmania, al noroeste; por China al norte, Vietnam al este, Camboya al sur y Tailandia al oeste. Su nombre en idioma lao es Luang Lao.

UN PAISAJE SELVÁTICO
Densamente arbolado y con exuberantes zonas selváticas, Laos tiene montañas rugosas, la más alta de las cuales en Phu Bia con 2.820 metros de altitud, además de algunas llanuras y mesetas.
El río Mekong forma una parte del límite occidental con Tailandia, mientras que las montañas de la cordillera Annamita integran la mayor parte de la frontera con Vietnam. Alrededor del 65% de la superficie de su territorio está cubierto por una exuberante vegetación, propio de las selvas subtropicales.
El clima, pese a ser tropical tiene grandes variaciones de temperatura entre las distintas áreas, debido sobre todo a la altitud. Las principales características del clima están determinadas por los monzones. La temporada húmeda de verano se prolonga desde mayo hasta octubre, con frecuente lluvias, y una estación fresca que se extiende desde noviembre hasta febrero; el resto del año es cálido y húmedo. En la capital del país, en abril (el mes más cálido del año), la temperatura suele alcanzar un promedio de 29º, mientras que en enero es de 21º.
Al finalizar las lluvias (y concluye el retiro monástico de los monjes budistas) las gentes construyen pequeñas embarcaciones de madera y les colocan unas lamparillas o velas, y las mandan río abajo. Simbolizan el renacimiento espiritual, el inicio de una nueva estación.
Merced a tener una gran superficie forestal, sus selvas albergan maderas de gran valor, principalmente teca. Estas selvas cuentan con diferentes especies de animales.
Todo el país cuenta con grandes extensiones de suelos fértiles para la agricultura. Las principales áreas se encuentran en los valles del río Mekong, cuyas aguas riegan varias zonas de cultivos de arroz y proporcionan una abundante pesca, una de las fuentes básicas de alimento de Laos. Otros cultivos son los de fruta, entre los que destacan la piña y los cítricos, el maíz y la tapioca, además de las patatas.
La ganadería también desempeña un papel económico importante.
El turismo cabe considerarlo también como importante riqueza económica y después de la guerra ha crecido de forma considerable. Hay muchas opciones para explorar el país y éste ofrece algo diferente y atractivo, sin duda, para el recién llegado.

UN CRISOL DE CULTURAS
Laos tiene una población de alrededor de siete millones de habitantes, lo cual supone una densidad de unos 30 habitantes por kilómetro cuadrado. Un cuarto de la población vive en las regiones montañosas, el resto a lo largo del río Mekong y sus afluentes. Más del 78% habita en aldeas rurales.
El 69% de la población pertenece a la etnia lao, además de ser los principales habitantes de las tierras bajas y el grupo dominante política y culturalmente. Los lao pertenecen al grupo lingüístico que comenzó a migrar hacia el sur desde China en el primer milenio de nuestra era. Un 8% más pertenece a otros grupos de “tierras bajas”, que junto con la gente lao integran el llamado lao lum.
La gente de las colinas y las minorías culturales de Laos como los hmong, yao, dao, shan y varios grupos tibeto-birmanos han vivido en regiones aisladas por muchos años.
Tribus de montaña de herencia etno-cultural mezclada se encuentran en el norte de Laos e incluyen a los lua y a los jamu, que son indígenas. Actualmente, el grupo de los lua está en peligro. Colectivamente, son conocidos como lao sung o laosianos de tierras altas.
Predominan en las montañas del centro y sur las tribus mon jmer, conocidas como lao theung o laosiano de tierras medias.
Algunas minorías vietnamitas y chinas permanecen, particularmente en las ciudades, pero muchos emigraron después de la independencia.
El idioma oficial y dominante es el lao, un lenguaje tonal del grupo lingüístico tai. Los laosianos de tierras medias y altas hablan una variedad de lenguas tribales. El francés sigue siendo común en el Gobierno, siendo estudiado como segundo idioma. En los últimos años ha crecido el interés por el inglés.
Posiblemente el mayor encanto de Laos lo constituyen sus gentes. Ajenos a las delicias del consumo, ignorantes de cuanto pueden conseguir con el dinero, simpáticos, hospitalarios y sencillos, llevan una vida acompasada con la naturaleza y con sus semejantes. Austeridad campesina y suntuosidad religiosa son, sin lugar a dudas, los ejes de su universo habitual. En realidad, todo el país tiene un especial encanto

UNA VIDA CON PROFUNDA ESPIRITUALIDAD
La religión predominante es el budismo Theravada que llegó a través de India, Birmania y Camboya, junto con el animismo común practicado entre las tribus de las montañas y coexiste pacíficamente con la adoración espiritual. También hay un pequeño número de cristianos, restringidos en gran parte del área de Vientiane, y musulmanes, sobre todo en la región fronteriza con Birmania.
El budismo está muy introducido en Laos y forma parte de la vida cotidiana. La vida es sufrimiento y un camino para renacer mejor y llegar al nirvana -la extinción de todo deseo- haciendo sacrificios y el bien a los semejantes, acumulando en la existencia unos boun o méritos.
El año laosiano está lleno de festividades religiosas.
La religión tiene un profundo significado en la vida cotidiana de los laosianos. Las personas relevantes celebran también en ocasiones el sukhuan para dar la bienvenida al alma. A tal efecto, las familias preparan bandejas con flores de banana. El celebrante siempre es un monje y se sienta frente al huésped de honor, encendiéndose velas e incienso. Se invoca a los dioses guardianes, ofreciendo toda clase de alimentos para que devuelvan a las almas perdidas. Se ata una cuerda de algodón en la muñeca del celebrante, quien a su vez la ata a la persona en honor de la cual se celebran el sukhuan, mientras los asistentes colocan sus manos en la frente y rompen el silencio con sus oraciones. Es entonces cuando la fiesta se convierte de una gran velada nocturna.
Los matrimonios entre los laosianos siempre se celebran después de que los padres lo han acordado y se han intercambiado regalos.
El día de la propuesta de matrimonio, la familia del novio envía varias muchachas a casa de la novia con obsequios, nueces de betel, pasteles de arroz, tabaco, etc. La novia se pone su traje para la ceremonia y se somete a un rito que consiste en una larga serie de preguntas poéticas y retóricas. Más tarde llega el novio para acudir al enlace.
La muerte y los funerales son, desde el punto de vista occidental, bastante extraños, ya que constituyen ocasiones para organizar alegres festejos.
Para un budista, la muerte significa la liberación del espíritu de los sufrimientos de la Tierra y quizá su paso a una existencia mejor. Poco después de producirse la muerte, el cadáver se lava con agua perfumada y se le coloca una moneda entre los dientes para demostrar que el difunto no tiene necesidad de bienes terrenales. Hilos de algodón atados en torno a su cuello, pies y muñecas, muestran cuan tenues son los lazos que unen al hombre con la Tierra. Los familiares cuidan el cadáver durante siete días, mientras los monjes rezan.
Por su parte, cualquier nacimiento también está rodeado de ritos. Cuando una esposa descubre que está embarazada, se somete a una ceremonia que le asegura la fertilidad. Ha de observar asimismo muchos tabúes: no puede, por ejemplo, comer larvas de abejas, ya que si lo hace es posible que su hijo sea turbulento como una abeja. Si pisa la cuerda que sujeta la cabeza de un buey o de un caballo, su futuro hijo posiblemente sea codicioso. Si pone a secar su falda al sol y al revés, el niño podría nacer sacando los pies antes que la cabeza.
Al parto siempre asiste un hombre o a veces un exorcista. Se hacen numerosas invocaciones y se toman todo tipo de precauciones mágicas para proteger al niño de todo mal. Todas estas creencias budistas se combinan con otros ritos y ceremonias de origen más antiguo, a lo largo del año laosiano, el cual está clasificado según los monzones y las crecidas de los ríos, que determinan los ciclos agrícolas.

VIENTIANE, LA CAPITAL
Es la puerta del país al mundo exterior. Con alrededor de 200.000 habitantes es una población apacible y tranquila, con arquitectura colonial, diferentes jardines tropicales e infinidad de templos budistas.
Vientiane es la capital que consigue aunar todas las imágenes que puedan tenerse de los habituales paraísos asiáticos. Además, curiosamente se trata de una de las pocas ciudades del mundo donde no existen problemas de tráfico
Posee muchos templos budistas que permiten apreciar las características de la arquitectura lao. Estos templos se llaman vat que significa el “recinto budista donde residen los monjes”. Entre los más relevantes cabe destacar la Gran Estupa Sagrada o Pha That Luang, el monumento más importante de Laos y un auténtico símbolo del país.
El Vat Phra Kheo es un templo convertido en museo de arte religioso que está ubicado en el interior del recinto del Palacio Real.
Vat Si Luang alberga el pilar de la ciudad y hay quienes aseguran que posee poderes mágicos.
Vat Ong Teu tiene una colosal estatua de Buda y unas bellísimas puertas de madera.
Vat Si Saket es la residencia habitual de una de las más altas autoridades religiosas del país, además de encontrarse en su interior hasta más de dos mil estatuas de Buda. Puede contemplarse a Sidartha Gautama o Sakiamuni de infinidad de posturas posibles.
En el centro de Vientiane llama poderosamente la atención el multicolor mercado de Thalat Niay

LUANG PRABANG Y SI PHAN DON
Luang Prabang es la antigua capital del reino de Laos, siempre fue una de las joyas más ignoradas de Asia. Está situada en la confluencia de los ríos Mekong y Khan. Su población no excede de los 8.000 habitantes y se encuentra rodeada por una cadena de montañas tapizadas de espesa selva.
Está repleta de templos, monasterios y villas coloniales. Entre los templos budistas merecen visitarse Vat Xieng Thong. Puede decirse que Luang Prabang está inmersa en la auténtica Asia profunda. Un mundo intrigante de noche, del constante rumor de la selva próxima y de los mercados que abarrotan gentes de etnias por completo distintas.
Otro punto de interés son las cuevas de Pak Ou que están alojadas en el interior de un acantilado calcáreo que se levanta a orillas del Mekong, frente a la desembocadura de su afluente Nam Ou. Un empinado tramo de escaleras conduce desde el punto de amarre hasta ellas. Las dos cuevas alojan varios miles de budas, de madera o de bronce dorado, que en su mayoría no sobrepasan los setenta centímetros de altura. Estas esculturas de Buda fueron donadas por los peregrinos desde hace 300 años.
No puede cerrarse este apartado sin antes hacer mención de Si Phan Don, la región situada en la parte más meridional de Laos, donde el río Mekong alcanza la mayor anchura (alrededor de 14 kilómetros) y donde, en las épocas secas, las islas y pequeños islotes que forman su superficie se cuentan por miles. La mayor isla es Don Khong que tiene alrededor de veinte kilómetros de longitud y cuya capital es Luang Khong, con cerca de doscientos habitantes.
Son lugares paradisíacos donde el tiempo se detuvo hace siglos.
A la hora de hablar de gastronomía, en ninguna mesa laosiana puede faltar el khao niaú (arroz aglutinado), es el acompañamiento de platos como tam mak hung (ensalada de papaya), mok (mezcla bambú y cerdo envueltos en hojas de banano), lap (ensalada de carne de vacuno o bien pescado o langostinos), cin lot (bocados de carne frita) o ping kai (pollo asado). Todos con aromas muy característicos.
Con respecto a los platos dulces hay que tener en cuenta el khau niáu, acompañado de leche de coco, azúcar y frutas, así como el khau sankañaa (arroz preparado con coco acompañado de bocados de mango o flan de coco).
El viajero que llega desde lejanas tierras, una vez acostumbrado a dejar atrás el hasta a veces innecesario confort occidental, más posibilidad existe de contactar con el mundo real, viendo la realidad con otros ojos, los de quienes sobreviven en estas latitudes.
Lo cierto es que ninguna descripción puede ni tan siquiera aproximarse a la serena majestuosidad de los templos budistas de Laos y el atractivo de sus paisajes y gentes. En este apacible “reino del millón de elefantes” percibir la sosegada sensibilidad de un mundo tan exótico como lejano y anclado a años luz de nuestra civilización, supone una fuerte sacudida al escepticismo y, por supuesto, a nadie deja indiferente.

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