LOS TIGRES DE RANTHAMBORE




Para las gentes que habitan en las aldeas lindantes con la jungla, el tigre de Bengala es el más poderoso de los animales. Valiente, majestuoso, bello… la viva imagen del Shere Khan de Rudyard Kipling. Símbolo de ferocidad para unos, de nobleza para otros. Venerado como un dios por el hombre religioso, pero que ha venido siendo expulsado de sus tierras por este mismo hombre a través de los años, cazado por su piel, prisionero real de los zoológicos de medio mundo y considerado muy peligroso, es, de alguna forma, el símbolo de la India, víctima emblemática de las contradicciones de este país, presa entre los problemas presentes y los esplendores pasados.
Los sabios se retiran a la selva para meditar. Los rastreadores la recorren en busca de sus huellas. Por su parte, los campesinos pasan días enteros en su interior en busca de plantas medicinales o arreglando un camino. Durante miles de años, recogedores de bayas, leñadores, recolectores de miel… adquirieron un profundo conocimiento sobre la fauna selvática.
Un tigre cerca de los campos de cultivo significaba el alejamiento de ungulados, roedores y monos. Protegiendo las cosechas se garantizaba la supervivencia de las aldeas. Cuando había necesidad se sacrificaba con gusto un buey para satisfacer a la fiera hambrienta. Los incidentes resultaban raros. El tigre era con frecuencia ennoblecido e incluso a veces deificado.
Pero desde hace un par de siglos, el hombre, ignorando la realidad ecológica y su delicado equilibrio, busca ganancias a corto plazo y dilapida de forma inconsciente su patrimonio, avanzando cada vez más en el interior de las zonas forestales, transformándolas progresivamente: los árboles son abatidos en masa y millares de animales mueren o sufren heridas. La fauna abandona estos lugares hollados por el hombre.
El tigre, solitario por naturaleza, pierde así uno de sus elementos esenciales: la calma del entorno. Los incidentes entre el hombre y el tigre aumentan. Propagado por los buscadores de pieles, los madereros o los cultivadores de caña de azúcar, el mito del tigre “devorador de hombres” crece cada vez más al transformarse en un enemigo a batir, temible y totalmente desconocido.
Por fortuna, a mitad de camino entre Bharatpur y Kota, existe el Parque Nacional de Ranthambore, una de las mejores reservas de la India y uno de los principales ejemplos de los intentos de conservación del llamado -Proyecto Tigre-.

EL AUTÉNTICO “REY DE LA JUNGLA”
Siempre es un emocionante recuerdo el que se guarda tras contemplar la primera aparición de este magnífico animal en el corazón de este parque.
Suelen seguirse sus huellas desde el alba, a lomos de elefante o bien en un vehículo todo-terreno, atravesando bosque y bordeando los lagos. La vegetación es densa, existen algunos bambúes gigantescos y cada vez resulta más difícil vislumbrar a través de la espesa selva.
Cerca de la fortaleza, medio escondido en un alto rocoso, se le suele sorprender, valiente y majestuoso. El marco de verdor acrecienta su misterio dándole un aspecto casi irreal. Camuflado de forma admirable entre los juegos de luces y sombras, sin preocuparse de la presencia de los inesperados visitantes. Las imponentes patillas blancas de su rostro son inconfundibles en un macho adulto. El blanco lechoso de su vientre y pecho hace resaltar su piel de fuego con rayas oscuras. Sus enormes patas provistas de pequeñas almohadillas de color negro con una más grande en el centro, poseen articulaciones delicadas y resistentes que le dan ese característico caminar flexible y elástico. Las patas impresionan siempre por su tamaño y por su poderosa estructura, a pesar de la suavidad de su aspecto, podrían arrancar la cabeza de cualquiera de una sola caricia.
Bosteza, dejando al descubierto su temible dentadura de carnívoro y se tiende en el suelo. Luego vuelve a levantarse lentamente, observa con indiferencia a su alrededor y se aleja, desapareciendo entre la lujuriosa vegetación.
En las últimas horas de la tarde, después de atravesar el desfiladero que da acceso a la fantástica jungla de Ranthambore, delante del Jogi Mahal, es otro punto interesante de observación. El Jogi Mahal es un antiguo palacete de caza del maharajá de Jaipur. Un pequeño edificio de color rosado escondido entre los álamos ribereños del lago Padam, a la sombra de las ruinas de la fortaleza milenaria desde la que se contempla casi toda la región, los lagos de
Padam, Rajbagh y Malik, los suaves valles y colinas, los bosques, los profundos barrancos y los lugares más recónditos a los que no llega el sol.
Los tigres pueden permanecer agazapados un día entero a la espera de una presa. Observando con detenimiento como si sopesara las posibilidades de éxito.
De repente suena el berrido de un sambar que pone en alerta al resto de su rebaño. Los demás ciervos permanecen inmóviles y miran todos en la misma dirección. Presienten el peligro.
Traidoras, las lianas del sotobosque tiñen la penumbra de colores amarillo y anaranjado, ofreciendo al gran felino rayado un magnífico camuflaje.
El tigre se presiente cerca, está en alguna parte, invisible a los ojos del visitante.
Durante unos instantes reina una gran tensión. Escudriñando con ojos y oídos la selva que el visitante va atravesando. A lo largo de muchos e infructuosos rastreos suele sorprenderse al resto de animales que pueblan el parque.
De repente, surge ante la vista el magnífico animal. Excitados por el encuentro, se olvidan todos los miedos y llega el momento de utilizar la cámara fotográfica. Todo con el máximo silencio y lentitud de movimientos.
El tigre suele avanzar indiferente a la presencia del visitante, pero con gran majestuosidad. Puede ser una tigresa que va protegiendo a sus pequeños o bien en solitario, de cacería y está hambrienta. En cualquier caso el peligro está asegurado.
Los berridos de alarma de los cérvidos ponen en tensión al resto de pobladores de esta jungla. A su vez, los cocodrilos también permanecen inmóviles entre los nenúfares de los lagos, con sólo sus prominentes ojos asomando sobre la superficie del agua. Su agilidad en la profundidad del lago es mortal. En la estación seca suelen cazar incluso ungulados con facilidad.
Los sambar y los chitales que ya han olvidado a la tigresa, salen al descubierto corriendo un grave riesgo.
Como una exhalación, truncando la placidez del atardecer, con una velocidad extraordinaria de agilidad y movimientos surge el felino rayado que se abalanza sobre el rebaño de cérvidos. Todos huyen en desbandada, pero ella ya tiene una presa entre sus poderosos dientes.
Los lagos, riachuelos y la selva de Ranthambore son el escenario de un perpetuo combate a vida o muerte entre los animales que lo pueblan.
Los tigres no siempre tienen éxito en sus ataques. La tensión acumulada durante las largas horas de espera al acecho, seguida de asaltos en terrenos a veces difíciles y rocosos, desgastan sus fuerzas y les obligan a largos periodos de reposo entre cada tentativa.
Además, los enfrentamientos con los grandes herbívoros, suelen ser peligrosos y pueden dejarles malos recuerdos. Patadas, arañazos, cornadas, músculos lastimados, heridas de las que no siempre se recuperan a causa de sus débiles defensas contra las infecciones.
Cuando está lo suficientemente cerca de la víctima, el tigre siempre salta sobre ella y le parte la columna vertebral con sus 300 kilos de peso o con una dentellada precisa en la nuca que le secciona la médula espinal
El descenso del nivel del agua en la estación seca y la concentración de la fauna junto a los lagos, atrae a los grandes felinos, mal adaptados al calor y que también necesitan refrescarse. La temperatura en Ranthambore suele oscilar alrededor de los 48 grados.
Solitarios por naturaleza, evitan encontrarse y con frecuencia se acercan a los aguaderos durante la noche para interferir lo menos posible en el territorio de otra fiera. El encuentro con otro macho puede tener fatales consecuencias.
Buscando el frescor, muchos tigres pasan el día ocultos en los barrancos que se extienden junto a la base del fuerte y entonces resulta difícil observarlos.

ESCENARIO DE UNA SANGRIENTA HISTORIA
Una de las más impresionantes y misteriosas fortalezas de Rajasthan es la que se halla en el interior del parque nacional de Ranthambore.
Encaramada sobre un gran risco, sus ruinas surgen entre la densa vegetación que la rodea. Es uno de los mejores ejemplos de fortaleza protegida por la propia selva. Un lugar casi inaccesible en su época.
Construida en el año 944, posee una complicada y sangrienta historia. Al principio se convirtió en un lugar estratégico y de gran importancia, dado que controlaba el comercio existente entre el norte del país y la India Central, de ahí que fuera tan codiciado por los gobernantes de aquellas tierras. En 1192 fue tomada por los Chauhan, expulsados de sus bastiones en Ajmer y Delhi.
A finales del siglo XIII vivió una época gloriosa durante el reinado de Hammir Dev, último gobernante de la dinastía Chauhan, pero fue saqueada por el musulmán Ala ud Din Khilji en 1303. El fuerte fue dramático testigo del acto conocido como jauhar o suicidio en masa arrojándose a una hoguera de todas las mujeres que pertenecían a la realeza, para evitar caer en poder del invasor en la fortaleza.
Recuperada más tarde por los rajputs, en 1569 pasó a manos del gran emperador mogol Akbar, quien luego de someterla a un incesante asedio por espacio de casi cuarenta días, se hizo con el control del fuerte.
Cuando pasó a manos de los emperadores mogoles, se convirtió en prisión. Los prisioneros solían permanecer en las celdas hasta el momento de ser ejecutados, siendo arrojados desde lo alto de las almenas. La mayoría terminaban devorados por las fieras.
En el siglo XIX, la fortaleza de Ranthambore fue devuelta al maharajá de Jaipur, hasta que llegó la independencia india en 1947.
El acceso a la fortaleza se realiza a través de un angosto desfiladero en el interior de la propia jungla, fortificado por una tortuosa muralla. A lo largo del camino se alzan las cuatro puertas, defendidas con estacas contra elefantes, enormes cadenas y un diseño zigzagueante destinado a dificultar el paso.
Hay que destacar el enigmático y antiguo monolito de Ranthambore, situado junto a la tercera puerta. La cuarta puerta se encuentra en la parte superior de una escalera y está reforzada por una torreta.
Un laberinto de túneles abovedados conduce hasta el interior de la fortaleza, hoy en ruinas. Aún pueden verse dos pequeños templos y los restos de un depósito de agua.
El lugar ofrece, asimismo, otras interesantes atracciones para los visitantes. Para los amantes de la historia, la fortaleza es origen de un sin fin de leyendas que son contadas por los nativos de los alrededores, siendo también de interés los diferentes templos hindúes, dedicados a las deidades Ganesh y Shiva principalmente, que se ubican en el perímetro del parque.
Las silenciosas ruinas de la fortaleza de Ranthambore ofrecen una excepcional panorámica de la selva circundante. El núcleo central del parque abarca una superficie de 230 kilómetros cuadrados.
Ranthambore es famoso por sus tigres, que deambulan entre las ruinas del fuerte y a menudo abaten a sus presas ante la atónita mirada de los visitantes. Es uno de los lugares favoritos de los aficionados a la observación de la naturaleza. El comportamiento del tigre lo hace diferente al de otros grandes felinos, ya que tiene la capacidad de ocultarse y fusionarse con su entorno. Esta es una de las principales técnicas de supervivencia que tiene este maravilloso animal.
A la entrada del parque existe un cartel que indica: “No se decepcione si no puede ver un tigre, el tigre seguro que lo habrá visto a usted”. Ellos son los auténticos dueños y señores de la jungla, los guardianes de la fortaleza de Ranthambore.

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L A O S



EL REINO DEL MILLÓN DE ELEFANTES


Misterioso y aislado del mundo durante décadas, el reino de Lan Chang, la llamada “tierra del millón de elefantes”, es profundamente religioso. A orillas del río Mekong y en el corazón de la antigua Indochina, ocupa un territorio virgen, enigmático y auténtico paraíso en el sudeste asiático. La sonrisa de los laosianos es la mejor bienvenida para el viajero.
Laos es un país sin litoral que está limitado por Myanmar, antes Birmania, al noroeste; por China al norte, Vietnam al este, Camboya al sur y Tailandia al oeste. Su nombre en idioma lao es Luang Lao.

UN PAISAJE SELVÁTICO
Densamente arbolado y con exuberantes zonas selváticas, Laos tiene montañas rugosas, la más alta de las cuales en Phu Bia con 2.820 metros de altitud, además de algunas llanuras y mesetas.
El río Mekong forma una parte del límite occidental con Tailandia, mientras que las montañas de la cordillera Annamita integran la mayor parte de la frontera con Vietnam. Alrededor del 65% de la superficie de su territorio está cubierto por una exuberante vegetación, propio de las selvas subtropicales.
El clima, pese a ser tropical tiene grandes variaciones de temperatura entre las distintas áreas, debido sobre todo a la altitud. Las principales características del clima están determinadas por los monzones. La temporada húmeda de verano se prolonga desde mayo hasta octubre, con frecuente lluvias, y una estación fresca que se extiende desde noviembre hasta febrero; el resto del año es cálido y húmedo. En la capital del país, en abril (el mes más cálido del año), la temperatura suele alcanzar un promedio de 29º, mientras que en enero es de 21º.
Al finalizar las lluvias (y concluye el retiro monástico de los monjes budistas) las gentes construyen pequeñas embarcaciones de madera y les colocan unas lamparillas o velas, y las mandan río abajo. Simbolizan el renacimiento espiritual, el inicio de una nueva estación.
Merced a tener una gran superficie forestal, sus selvas albergan maderas de gran valor, principalmente teca. Estas selvas cuentan con diferentes especies de animales.
Todo el país cuenta con grandes extensiones de suelos fértiles para la agricultura. Las principales áreas se encuentran en los valles del río Mekong, cuyas aguas riegan varias zonas de cultivos de arroz y proporcionan una abundante pesca, una de las fuentes básicas de alimento de Laos. Otros cultivos son los de fruta, entre los que destacan la piña y los cítricos, el maíz y la tapioca, además de las patatas.
La ganadería también desempeña un papel económico importante.
El turismo cabe considerarlo también como importante riqueza económica y después de la guerra ha crecido de forma considerable. Hay muchas opciones para explorar el país y éste ofrece algo diferente y atractivo, sin duda, para el recién llegado.

UN CRISOL DE CULTURAS
Laos tiene una población de alrededor de siete millones de habitantes, lo cual supone una densidad de unos 30 habitantes por kilómetro cuadrado. Un cuarto de la población vive en las regiones montañosas, el resto a lo largo del río Mekong y sus afluentes. Más del 78% habita en aldeas rurales.
El 69% de la población pertenece a la etnia lao, además de ser los principales habitantes de las tierras bajas y el grupo dominante política y culturalmente. Los lao pertenecen al grupo lingüístico que comenzó a migrar hacia el sur desde China en el primer milenio de nuestra era. Un 8% más pertenece a otros grupos de “tierras bajas”, que junto con la gente lao integran el llamado lao lum.
La gente de las colinas y las minorías culturales de Laos como los hmong, yao, dao, shan y varios grupos tibeto-birmanos han vivido en regiones aisladas por muchos años.
Tribus de montaña de herencia etno-cultural mezclada se encuentran en el norte de Laos e incluyen a los lua y a los jamu, que son indígenas. Actualmente, el grupo de los lua está en peligro. Colectivamente, son conocidos como lao sung o laosianos de tierras altas.
Predominan en las montañas del centro y sur las tribus mon jmer, conocidas como lao theung o laosiano de tierras medias.
Algunas minorías vietnamitas y chinas permanecen, particularmente en las ciudades, pero muchos emigraron después de la independencia.
El idioma oficial y dominante es el lao, un lenguaje tonal del grupo lingüístico tai. Los laosianos de tierras medias y altas hablan una variedad de lenguas tribales. El francés sigue siendo común en el Gobierno, siendo estudiado como segundo idioma. En los últimos años ha crecido el interés por el inglés.
Posiblemente el mayor encanto de Laos lo constituyen sus gentes. Ajenos a las delicias del consumo, ignorantes de cuanto pueden conseguir con el dinero, simpáticos, hospitalarios y sencillos, llevan una vida acompasada con la naturaleza y con sus semejantes. Austeridad campesina y suntuosidad religiosa son, sin lugar a dudas, los ejes de su universo habitual. En realidad, todo el país tiene un especial encanto

UNA VIDA CON PROFUNDA ESPIRITUALIDAD
La religión predominante es el budismo Theravada que llegó a través de India, Birmania y Camboya, junto con el animismo común practicado entre las tribus de las montañas y coexiste pacíficamente con la adoración espiritual. También hay un pequeño número de cristianos, restringidos en gran parte del área de Vientiane, y musulmanes, sobre todo en la región fronteriza con Birmania.
El budismo está muy introducido en Laos y forma parte de la vida cotidiana. La vida es sufrimiento y un camino para renacer mejor y llegar al nirvana -la extinción de todo deseo- haciendo sacrificios y el bien a los semejantes, acumulando en la existencia unos boun o méritos.
El año laosiano está lleno de festividades religiosas.
La religión tiene un profundo significado en la vida cotidiana de los laosianos. Las personas relevantes celebran también en ocasiones el sukhuan para dar la bienvenida al alma. A tal efecto, las familias preparan bandejas con flores de banana. El celebrante siempre es un monje y se sienta frente al huésped de honor, encendiéndose velas e incienso. Se invoca a los dioses guardianes, ofreciendo toda clase de alimentos para que devuelvan a las almas perdidas. Se ata una cuerda de algodón en la muñeca del celebrante, quien a su vez la ata a la persona en honor de la cual se celebran el sukhuan, mientras los asistentes colocan sus manos en la frente y rompen el silencio con sus oraciones. Es entonces cuando la fiesta se convierte de una gran velada nocturna.
Los matrimonios entre los laosianos siempre se celebran después de que los padres lo han acordado y se han intercambiado regalos.
El día de la propuesta de matrimonio, la familia del novio envía varias muchachas a casa de la novia con obsequios, nueces de betel, pasteles de arroz, tabaco, etc. La novia se pone su traje para la ceremonia y se somete a un rito que consiste en una larga serie de preguntas poéticas y retóricas. Más tarde llega el novio para acudir al enlace.
La muerte y los funerales son, desde el punto de vista occidental, bastante extraños, ya que constituyen ocasiones para organizar alegres festejos.
Para un budista, la muerte significa la liberación del espíritu de los sufrimientos de la Tierra y quizá su paso a una existencia mejor. Poco después de producirse la muerte, el cadáver se lava con agua perfumada y se le coloca una moneda entre los dientes para demostrar que el difunto no tiene necesidad de bienes terrenales. Hilos de algodón atados en torno a su cuello, pies y muñecas, muestran cuan tenues son los lazos que unen al hombre con la Tierra. Los familiares cuidan el cadáver durante siete días, mientras los monjes rezan.
Por su parte, cualquier nacimiento también está rodeado de ritos. Cuando una esposa descubre que está embarazada, se somete a una ceremonia que le asegura la fertilidad. Ha de observar asimismo muchos tabúes: no puede, por ejemplo, comer larvas de abejas, ya que si lo hace es posible que su hijo sea turbulento como una abeja. Si pisa la cuerda que sujeta la cabeza de un buey o de un caballo, su futuro hijo posiblemente sea codicioso. Si pone a secar su falda al sol y al revés, el niño podría nacer sacando los pies antes que la cabeza.
Al parto siempre asiste un hombre o a veces un exorcista. Se hacen numerosas invocaciones y se toman todo tipo de precauciones mágicas para proteger al niño de todo mal. Todas estas creencias budistas se combinan con otros ritos y ceremonias de origen más antiguo, a lo largo del año laosiano, el cual está clasificado según los monzones y las crecidas de los ríos, que determinan los ciclos agrícolas.

VIENTIANE, LA CAPITAL
Es la puerta del país al mundo exterior. Con alrededor de 200.000 habitantes es una población apacible y tranquila, con arquitectura colonial, diferentes jardines tropicales e infinidad de templos budistas.
Vientiane es la capital que consigue aunar todas las imágenes que puedan tenerse de los habituales paraísos asiáticos. Además, curiosamente se trata de una de las pocas ciudades del mundo donde no existen problemas de tráfico
Posee muchos templos budistas que permiten apreciar las características de la arquitectura lao. Estos templos se llaman vat que significa el “recinto budista donde residen los monjes”. Entre los más relevantes cabe destacar la Gran Estupa Sagrada o Pha That Luang, el monumento más importante de Laos y un auténtico símbolo del país.
El Vat Phra Kheo es un templo convertido en museo de arte religioso que está ubicado en el interior del recinto del Palacio Real.
Vat Si Luang alberga el pilar de la ciudad y hay quienes aseguran que posee poderes mágicos.
Vat Ong Teu tiene una colosal estatua de Buda y unas bellísimas puertas de madera.
Vat Si Saket es la residencia habitual de una de las más altas autoridades religiosas del país, además de encontrarse en su interior hasta más de dos mil estatuas de Buda. Puede contemplarse a Sidartha Gautama o Sakiamuni de infinidad de posturas posibles.
En el centro de Vientiane llama poderosamente la atención el multicolor mercado de Thalat Niay

LUANG PRABANG Y SI PHAN DON
Luang Prabang es la antigua capital del reino de Laos, siempre fue una de las joyas más ignoradas de Asia. Está situada en la confluencia de los ríos Mekong y Khan. Su población no excede de los 8.000 habitantes y se encuentra rodeada por una cadena de montañas tapizadas de espesa selva.
Está repleta de templos, monasterios y villas coloniales. Entre los templos budistas merecen visitarse Vat Xieng Thong. Puede decirse que Luang Prabang está inmersa en la auténtica Asia profunda. Un mundo intrigante de noche, del constante rumor de la selva próxima y de los mercados que abarrotan gentes de etnias por completo distintas.
Otro punto de interés son las cuevas de Pak Ou que están alojadas en el interior de un acantilado calcáreo que se levanta a orillas del Mekong, frente a la desembocadura de su afluente Nam Ou. Un empinado tramo de escaleras conduce desde el punto de amarre hasta ellas. Las dos cuevas alojan varios miles de budas, de madera o de bronce dorado, que en su mayoría no sobrepasan los setenta centímetros de altura. Estas esculturas de Buda fueron donadas por los peregrinos desde hace 300 años.
No puede cerrarse este apartado sin antes hacer mención de Si Phan Don, la región situada en la parte más meridional de Laos, donde el río Mekong alcanza la mayor anchura (alrededor de 14 kilómetros) y donde, en las épocas secas, las islas y pequeños islotes que forman su superficie se cuentan por miles. La mayor isla es Don Khong que tiene alrededor de veinte kilómetros de longitud y cuya capital es Luang Khong, con cerca de doscientos habitantes.
Son lugares paradisíacos donde el tiempo se detuvo hace siglos.
A la hora de hablar de gastronomía, en ninguna mesa laosiana puede faltar el khao niaú (arroz aglutinado), es el acompañamiento de platos como tam mak hung (ensalada de papaya), mok (mezcla bambú y cerdo envueltos en hojas de banano), lap (ensalada de carne de vacuno o bien pescado o langostinos), cin lot (bocados de carne frita) o ping kai (pollo asado). Todos con aromas muy característicos.
Con respecto a los platos dulces hay que tener en cuenta el khau niáu, acompañado de leche de coco, azúcar y frutas, así como el khau sankañaa (arroz preparado con coco acompañado de bocados de mango o flan de coco).
El viajero que llega desde lejanas tierras, una vez acostumbrado a dejar atrás el hasta a veces innecesario confort occidental, más posibilidad existe de contactar con el mundo real, viendo la realidad con otros ojos, los de quienes sobreviven en estas latitudes.
Lo cierto es que ninguna descripción puede ni tan siquiera aproximarse a la serena majestuosidad de los templos budistas de Laos y el atractivo de sus paisajes y gentes. En este apacible “reino del millón de elefantes” percibir la sosegada sensibilidad de un mundo tan exótico como lejano y anclado a años luz de nuestra civilización, supone una fuerte sacudida al escepticismo y, por supuesto, a nadie deja indiferente.

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MAUSOLEO DE HUMAYUN



SÍMBOLO DE AMOR

Pocos países en el mundo tienen una cultura tan antigua y diversa como la India. A lo largo de más de cinco mil años la cultura india se ha ido enriqueciendo con las sucesivas oleadas migratorias que fueron absorbidas por la forma de vida de sus habitantes.
Esta variedad de culturas representa un sello distintivo del país. Su variedad física, religiosa y racial es tan inmensa como su variedad lingüística. Bajo esta diversidad yace la continuidad de la civilización y la estructura social de la India desde los tiempos más remotos hasta el presente.
La India presenta un panorama de unidad en la diversidad sin paralelo en la historia.
Tras establecer su hegemonía sobre el subcontinente indio a partir del siglo X, los musulmanes emprendieron la construcción de suntuosos edificios religiosos y mausoleos, puentes, jardines, grandes palacios y fortalezas, etc. Todos ellos inspirados en lo que con anterioridad habían creado en la antigua Persia, aunque sabiendo variar las fórmulas, lo que trajo consigo que en cada región se produjera un estilo peculiar.
El arte islámico interrumpió la evolución artística hindú, hizo desaparecer las tendencias budistas y fue introduciéndose con el transcurso de los siglos, asimilando los arquitectos indios principios fundamentales como el minarete, la cúpula o el arco de medio punto, los cuales enriquecieron con ornamentación floral y arabesca, a la vez que excluían las representaciones humanas o de animales que habían predominado hasta entonces.

LOS GRANDES MOGOLES
El Sultanato de Delhi se perpetuó hasta que la desintegración de su territorio debilitó tanto a la última dinastía, la de los Lodhi, que no pudieron hacer frente al nuevo invasor que venía del Asia Central, la región más duramente castigada por el paso de los mogoles.
Aun teniendo en cuenta la larga tradición islámica, las mejores obras de la arquitectura indo-musulmana datan del periodo mogol y se hallan esparcidas preferentemente por la región septentrional del país, entre Agra, Delhi, Fatehpur Sikri, Allahabad y Lahore en Pakistán, sede de los soberanos pertenecientes a la dinastía de los Grandes Mogoles y donde los monumentos existentes asombran, tanto por su magnitud como por la fastuosidad y riqueza de los materiales en ellos empleados.
Descendiente de los dos mayores azotes de Asia en aquellos tiempos, Tamerlan y el legendario Gengis Khan, el bravo Zahiruddin Mohamed Babur siendo aún muy joven conquistó Samarkanda tras someterla a un largo asedio. Transcurridos algunos años decidió avanzar sobre el Indostán, venciendo a Ibrahim Lodhi en la batalla de Panipat (cerca de Delhi) en 1526, extendiendo su dominio a través de la Rajputana y fundando el imperio mogol.
A Babur, sin embargo, aquellas tierras conquistadas no eran de su agrado. Al escribir sus memorias, curiosamente llegó a manifestar que en ellas no había buenos caballos, ni perros, ni baños calientes, ni comida en los bazares.
El primer emperador mogol no disfrutó de su extraordinario poder. Hombre muy controvertido y de fuerte carácter, falleció víctima de unas fiebres, siendo enterrado en Agra, en los jardines de Ram Bagh a orillas del río Yamuna.
Siguiendo sus propios deseos, años después su cuerpo fue trasladado a Kabul (Afganistán).
Tan supersticioso como apasionado por la astrología, la poesía y el opio, Humayun, hijo y sucesor de Babur, vivió su corto reinado bajo un clima de permanente agitación. Con la ayuda de tropas persas recuperó el trono de Delhi, infringiendo una severa derrota a sus enemigos, no obstante, apenas si pudo disfrutar de su victoria dado que en enero de 1556 cayó por las escaleras de su palacio en Purana Qila, con tan mala fortuna que murió de repente. Curioso final para un bravo guerrero que había librado mil envites en los campos de batalla.
Su esposa Haji Begum mandó construir entonces un fantástico mausoleo, el cual vino a marcar el inicio de una nueva etapa arquitectónica que más adelante culminaría con las obras maestras del arte mogol.

SÍMBOLO DE AMOR
El amor verdadero ha inspirado la creación de monumentos notables. Mientras que el famoso Taj Mahal es el símbolo del amor de un marido por su esposa, el mausoleo de Humayun ejemplifica el amor de una esposa por su marido.
Tras la muerte de Humayun, su mujer Haji Begum decidió construirle una tumba. Su hijo y sucesor, el gran Akbar, reunió los recursos imperiales y los puso a la disposición de ella para que pudiera realizar su sueño de construir un monumento duradero en recuerdo de su difunto esposo.
El mausoleo de Humayun se considera como el primer monumento mogol de importancia. Sintetiza las tradiciones del arte de Persia, Asia Central y el arte nativo.
Se ubica en un ambiente espiritual en la cercanía austral del Durgah (lugar de entierro).
Según una fuente contemporánea, la tumba fue terminada en 1571 d.C. y su arquitecto fue Mirak Mirza Ghayas, de origen persa.
La vida de exilio de Humayun en Irán tras su salida de la India fue una bendición, ya que le dio una oportunidad de aprender las diferentes formas de cultura y arte. Estuvo enormemente influido por el arte iraní y, cuando volvió a la India, trajo con él a varios artesanos.
Mirza Ghayas elaboró el diseño de la tumba, pero murió antes de que la terminara plenamente, siendo su hijo quien concluyó el grandioso proyecto.

UNA OBRA DE GRAN MAGNITUD
El mausoleo de Humayun tiene varios rasgos característicos que se convirtieron en un sello distintivo para los subsiguientes monumentos mogoles. Lo primero que impresiona es su diseño extraordinario. El mausoleo ocupa su lugar en la orilla del río Yamuna y se ubica en el centro de un enorme jardín encerrado con muros, que tiene dos entradas -una en la parte occidental y la otra en la parte austral del recinto-.
Basado en el concepto iraní de Chaharbagh (jardín de cuatro pliegues) y elaborado por Babur en plan de un jardín ideal, se presenta en la tumba de Humayun por primera vez tal medio formalizado y geométricamente planificado de un jardín. Aunque se hizo una norma para toda la arquitectura mogol subsiguiente, aunque aquí la afinidad entre el jardín y el monumento queda más patente. La tumba ubicada en el centro, con su concepto de Chaharbagh a su alrededor, evoca un verso del Corán que describe los ríos que fluyen en el jardín del paraíso.
El portal de entrada en el lado oeste con sus brazos extendidos constituye una estructura novedosa que expresa la postura de alguien que está de pie en el centro con brazos extendidos para recibir al visitante.
Se hizo abundante uso de la piedra de arenisca roja, que resalta no solo la exquisita belleza del monumento, sino también la prosperidad de los mogoles. El generoso uso del mármol blanco y la pizarra negra en los bordes y contornos de los arcos, empleado con sensatez, produce un mayor efecto visual. El tejido de piedra en varios colores le presta a la tumba en su conjunto un tono sumamente agradable.
Se usó en su construcción la cúpula doble por primera vez. La técnica de la cúpula doble, donde se deja espacio entre el casco interior y exterior de la misma, es obviamente más avanzada y se ha inspirado en los ejemplos iraníes y de Asia Central. Los arcos centrales en la tumba con arcos de flanco, le dan al edificio una impresión como si se tratara de una estructura de dos pisos.
Las pantallas perforadas (jali) constituyen otros rasgos singulares de este monumento. Inspirado por el estilo iraní, el trabajo jali se convirtió en un diseño normal para la arquitectura imperial desarrollada por los mogoles.
El interior de la tumba consiste en un salón octogonal, que se eleva por dos pisos, y está rodeado de pequeñas cámaras octogonales.
La tumba del emperador Humayun se encuentra en una posición norte-sur. Es de notar que los tres lados del salón central están cercados con jali. Sólo el lado austral sirve de entrada y ello significa que los que quieren rendir homenaje han de entrar por el lado de pie de la tumba.
El mausoleo de Humayun fue un lugar funerario para los posteriores reyes, príncipes y princesas mogoles. El príncipe Dara Shikoh fue enterrado aquí y se ha identificado su tumba en el lado occidental de la plataforma, cerca de la escalera donde hay otras once tumbas. La segunda tumba desde la escalera es la de Dara Shikoh y se distingue por el verso del Corán “Al-Imran”.
En 1857, el mausoleo vio el final de la dinastía mogol. El último emperador de esta dinastía fue Bahadur Shah Zafar, quien se refugió en el mausoleo de sus antepasados. Tres de sus hijos fueron ahorcados en este lugar.
El conjunto de la tumba de Humayun está rodeado de otras construcciones, incluyendo algunas mezquitas, a las que se accede a través del jardín. Una de ellas es la llamada Tumba del Barbero, un edificio octogonal en el exterior, pero con un interior de planta cuadrada. En la tumba de Isa Khan, en el centro del jardín, reposan los restos de uno de los servidores de Humayun. Se trata también de una sala central de forma octogonal rodeada por tres arcos y en uno de sus laterales puede observarse un minarete.
Finalmente se encuentra la tumba de Nili Chhatri, donde reposan los restos de un servidor de la corte del emperador Akbar.
El arte ha tenido una indudable importancia en el desarrollo de la historia en todo el mundo, ha permitido conocer mejor a los pueblos y su mensaje ha llegado a lo más profundo, a la auténtica alma de las culturas, siendo un vínculo universal en el culto de la belleza.
La extraordinaria magnitud del mausoleo de Humayun en Delhi es, sin duda, un auténtico símbolo de amor y un magnífico legado de la época mogol, cuya dinastía fue sinónimo de esplendor y opulencia. No en balde a lo largo de tres siglos desarrolló una gran estructura militar y administrativa, a la vez que llegó a propiciar un extraordinario auge cultural con singular riqueza de ideas en historia y filosofía así como una marcada expresión en las artes.

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