SAHARA



- 2ª Parte -
 
BEREBERES, ÁRABES, TURCOS Y EUROPEOS
Una civilización urbana, los Garamantes, se alzó hacia el 500 a.C. en el corazón del Sahara, en un valle que se conoce en la actualidad como Wadi al-Ajal en Fezán (Libia). Los Garamantes lograron este desarrollo gracias a la excavación de túneles profundos en las montañas que flanquean el valle para obtener agua fósil y conducirla hasta sus campos.
Los Garamantes crecieron en número y fortaleza, conquistando a sus vecinos y capturando multitud de esclavos (que eran utilizados en el trabajo de la excavación de nuevos túneles). Los antiguos griegos y romanos supieron de los Garamantes, viéndolos como nómadas incivilizados. Sin embargo, comerciaron con ellos, habiéndose encontrado unas termas romanas en la capital de los Garamantes, Garama.
Los arqueólogos han encontrado ocho ciudades principales y multitud de otros asentamientos importantes en el territorio de los Garamantes. Cuando toda el agua disponible en los acuíferos fue agotada, la civilización de los Garamantes se colapsó, no pudiendo permitirse la continuación de extender túneles en las montañas.
Los bereberes ocuparon (y todavía ocupan) buena parte del Sahara. Los bereberes Garamantes construyeron un próspero imperio en el corazón del desierto. Los nómadas tuareg han continuado hasta el presente, habitando y moviéndose a través de amplias áreas del Sahara.
El imperio bizantino controló las costas del norte del Sahara desde el siglo V hasta el siglo VII. Cuando la conquista musulmana del Magreb comenzó entre mediados del silgo VII y comienzos del VIII. La influencia árabe e islámica se expandió rápidamente por todo el Sahara. Hacia el final del año 641 todo Egipto estaba en manos árabes. El comercio a través del desierto se intensificó. Los reinos del Sahel, especialmente el imperio de Ghana y el imperio de Mali, aumentaron su riqueza y fortaleza gracias a la exportación de oro y sal hacia el norte de África. Los emiratos que se sucedían a través de la costa del Mediterráneo enviaban bienes manufacturados y caballos hacia el sur. Desde el propio Sahara se exportaba sal. Este proceso convirtió a las dispersas comunidades de los oasis en centros comerciales y los trajo bajo el control de los imperios que se asentaban en los límites del desierto. A través del desierto tenía lugar un importante comercio de esclavos. Se estima que desde el siglo X y hasta el siglo XIX, entre 6.000 y 7.000 se transportaron hacia el norte cada año.
El comercio a través del Sahara persistió durante muchos siglos hasta que el desarrollo en Europa de la carabela permitió que los barcos, inicialmente desde Portugal y pronto desde toda Europa Occidental, navegaran alrededor del desierto y se hicieran con los recursos desde su fuente, la región de Guinea. El Sahara fue pronto marginalizado.
Desde el siglo XCVI, la zona norte del Sahara, comprendiendo áreas costeras de las actuales Argelia y Túnez, así como partes de la actual Libia, junto al reino semi-áutónomo de Egipto, fueron ocupados por el Imperio Otomano. Desde el año 1517, Egipto pasó a considerarse como parte del Imperio turco, propiedad que les permitió a éstos controlar el Valle del Nilo, el Mediterráneo oriental y el norte de África. El beneficio de estas conquistas para los otomanos fue considerable, permitiéndoles libertad de movimiento para sus ciudadanos y bienes. El comercio aprovechó las rutas terrestres otomanas para llevar oro desde África. El árabe continuó siendo la lengua local y la cultura islámica se reforzó, las regiones del Sahel y del sur del Sahara acogieron a numerosos estados independientes así como clanes tuareg nómadas.

EL COLONIALISMO EUROPEO
La exploración moderna del Sahara fue iniciada bajo los auspicios de la Association for promoting the discovery of the interior parts of África, fundada en 1788 y transformada en 1830 en la Royal Geographical Society.
Pronto surgieron los primeros y avezados aventureros que cruzaron o intentaron cruzar el desierto del Sahara. Friedrich Hornemann fue el primero que lo intentó de norte a sur (1798-1800), pero murió poco antes de llegar al Níger. Oudney, Denham y Clapperton (1822-1824) realizaron la primera travesía. La exploración científica comenzó en 1850 con los trabajos de los grandes exploradores alemanes Heinrich Barth, Gustav Nachtigal, Oskar Lenz y otros. Los representantes franceses  y entre ellos en primer lugar Emile Félix Gautier llegaron a ser los que hicieron una mayor contribución del conocimiento geográfico del gran desierto.
El colonialismo europeo en el Sahara comenzó en el siglo XIX. Francia conquistó la regencia de Argel de los Otomanos en 1830, y el mando francés se expandió hacia el sur desde Argelia y hacia el este desde Senegal hacia el Alto Níger para incluir lo que actualmente es Argelia, Chad, Malí que entonces se conocía como Sudán francés e incluía Tombuctú, Mauritania, Marruecos en 1912), Níger y Túnez (desde 1881). Para el comienzo del siglo XX, el comercio transahariano había decaído de forma significativa, ya que los bienes habían empezado a trasladarse mediante métodos modernos más eficientes, como el avión, en vez de a través del desierto en caravanas de camellos.
El imperio colonial francés era entonces la fuerza dominante en el Sahara.
Egipto bajo Muhammad Ahmad y sus sucesores, conquistaron Nubia en 1820-22 fundando Kartoum en 1823 y conquistando posteriormente Darfur en 1874. Egipto, incluyendo Sudán, se convirtió en un protectorado británico en 1882. Egipto y el Reino Unido perdieron el control de Sudán entre 1882 y 1898 como consecuencia de la guerra del Mahdi. Tras su captura por las tropas británicas en 1898, Sudán pasó a ser un condominio anglo-egipcio.
España capturó el actual Sahara Occidental en 1874, aunque Rio del Oro siguió principalmente bajo la influencia tuareg. En 1912, Italia se hizo con partes de lo que se conoce actualmente como Libia de los otomanos.
Para promover la religión católica en el desierto, el Papa Pio IX designó a un delegado apostólico del Sahara y Sudán en 1868.
Egipto se independizó de Gran Bretaña en 1936, aunque el Tratado anglo-egipcio le permitió a Inglaterra mantener tropas en Egipto y el condominio anglo-egipcio en el Sudán. Las fuerzas militares británicas dejaron el país en 1954.
La mayor parte de los estados del Sahara lograron la independencia tras la Segunda Guerra Mundial: Libia en 1951, Marruecos, Sudan y Túnez en 1956, Chad, Malí, Mauritania y Níger en 1960 y Argelia en 1962. España salió del Sahara Occidental en 1975, y éste quedó dividido entre Mauritania y Marruecos. Mauritania lo dejó en 1979 y Marruecos sigue manteniéndose en su territorio.
En la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, multitud de estudios se han desarrollado para utilizar los recursos naturales del desierto. Entre estos se encuentran importantes yacimientos de petróleo y gas natural en Argelia y Libia, y también importantes depósitos de fosfatos en Marruecos y Sahara Occidental.
Por lo que respecta a los dialectos árabes, éstos son los más hablados en el Sahara, desde el Atlántico al Mar Rojo. Los pueblos bereberes se encuentran desde Egipto occidental hasta Marruecos, incluyendo los pastores tuareg del Sahara central.
Los pueblos beja viven en las colinas del Mar Rojo, del sureste de Egipto y de Sudán oriental.
Árabe, bereber y sus variantes reagrupadas bajo el término amazigh (que incluye el idioma aborigen hablado por los habitantes bereberes originales de las islas Canarias) y los idiomas de los beja son parte de la familia de lenguas afroasiáticas o hamito-semíticas.

A TRAVÉS DEL SAHARA
En las rutas transaharianas son multitud las ciudades-oasis importantes y vale la pena ir conociendo algunos de estos enclaves míticos y milenarios.
Aún hoy resulta frecuente contemplar algunas caravanas de camellos que, cuando el sol adquiere un intenso color rojo en el horizonte y mientras aparece la luna de pálido azul, como enigmáticas sombras que proceden de lejanas tierras, más allá de la inmensidad arenosa, se aproximan a los oasis en busca del descanso reparador para el cuerpo y la paz del espíritu, envueltos en el suave manto de la noche sahariana.
Al sur de la ciudad roja de Marrakech, en el Alto Atlas, existen varios puntos de indudable interés.

MARRUECOS
Ouarzazate, también conocida como La puerta del desierto forma parte de la región de Souss-Massa-Draa y es frecuentada por el llamado turismo de aventura, dada su proximidad al Atlas y al valle del río Draa.
Su nombre procede del bereber y significa “sin ruido”. En cuanto a Tourit que es el nombre de su kasbah o alcazaba, hace referencia en el bereber regional a que se eleva sobre un montículo.
En tiempos pasados, Ouarzazate fue un pequeño punto de travesía para los comerciantes africanos que intentaban alcanzar ciudades norteñas de Marruecos y Europa. Durante el periodo colonial francés, creció de forma considerable como ciudad de abastecimiento, siendo además un centro administrativo y posta de aduanas.
Situadas en el lado este de las montañas del Alto Atlas de Marruecos, las Gargantas del Todra son reconocidas mundialmente por ser uno de los cañones rocosos más espectaculares. Estas gargantas se encuentran a tan solo unos veinticinco kilómetros al norte de la ciudad de Tinghir. La carretera que conduce a las gargantas ofrece preciosos paisajes como Assoul o Ighri, así como una bella vista del majestuoso palmeral.
Su agua es cristalina y limpia. Los acantilados de la garganta cada año atraen a muchísimos escaladores que vienen a disfrutar de su pasión. Las gargantas, aunque están situadas en una zona remota de Marruecos, es un destino turístico muy popular y que ha crecido mucho en las últimos años, equipándose con diferentes rutas de senderismo y un camino de tierra en buen estado que los visitantes pueden recorrer, a pesar de tenerlo que compartir con mulas y otros animales de carga.
En esta ruta no hay que perderse una parada para contemplar el ksar de Ait Ben Hadou, reducto bereber que ha sido escenario de infinidad de películas y está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Erfoud es una ciudad que está muy cerca de la frontera con Argelia, en el área de Meknes-Tafilalet del Marruecos oriental. Debido a la proximidad de Merzouga, pueblo de desierto en las dunas de Erg Chebbi, Erfoud ha desarrollado una importante industria turística con buena infraestructura hotelera.
A cuarenta y cinco kilómetros de Erfoud, el pueblo más famoso de Erg Chebbi, Merzouga cuenta con el mayor cuerpo natural de agua de Marruecos y en más de una ocasión ha sufrido importantes inundaciones.
Las dunas de Merzouga son un atractivo especial para quienes conocer de cerca el Sahara, aparte de que también se han convertido en objeto de filmación por muchos directores de cine.
A pesar de estar en el desierto, es un pueblo muy preparado para el turismo con hoteles adaptados a cualquier tipo de visitante.

TÚNEZ
Verdes oasis salpicando el árido paisaje, el ardiente sol, palmeras que se mecen al viento, senderos agrestes, espectaculares desfiladeros, caravanas de camellos cuyas siluetas se recortan en un horizonte infinito de mares de arena y aventura… Es el gran sur tunecino, incomparable escenario que suscita mil fantasías.
No es preciso ser un consumado aventurero para aproximarse a los oasis tunecinos, los cuales aunque puedan parecer similares no lo son en absoluto, cada uno tiene sus características diferentes y, muy especialmente, aquellos que están en las escarpadas montañas, entre desfiladeros. Son de una belleza inigualable.
Chebika, Tamerza, Mides… Verdaderos nidos de águilas, refugios bereberes, pintorescos paisajes bíblicos rodeados de torrentes y cascadas de agua templada y verdes palmeras cuajadas de dátiles que se agitan levemente con la brisa del atardecer. Todo ello en la proximidad del desierto y lejos de la civilización.
El Bled Jerid se extiende sobre el istmo que separa dos grandes lagos salados, el chott Jerid y el chott El Gharsa, y es la frontera entre las llanuras y el desierto. En esta zona, antiguo enclave de caravanas, se concentra la producción de dátiles y sus oasis son, sin duda alguna, los mejores de Túnez.
Tozeur, capital de la región y una de las perlas del Jerid, es una ciudad única por su especial encanto.

ARGELIA
Dos nombres míticos en las rutas saharianas son el macizo de Ahaggar y Tamanrasset, ubicados al sur de Argelia.
Atravesado por el trópico de Cáncer, a ochenta kilómetros al norte de Tamanrasset, el macizo del Hoggar cubre un área aproximadamente de 540.000 kilómetros cuadrados, casi un tercio de la superficie total de Argelia. Al este de Tamanrasset se eleva a más de 2.000 metros de altitud una meseta erosionada de unos 250 kilómetros de diámetro compuesta por coladas de lava, el Atakor de Hoggar, sobre la que destacan volcanes a una altitud cercana a los 3.000 metros. El punto culminante del macizo es el monte Tahat con 2.918 metros, que también es la montaña más alta del país.
El macizo de Ahaggar o bien Hoggar, como se prefiera, es la tierra del pueblo imuhagh, una tribu del pueblo tuareg. El oasis de Abalasa, próximo a la ciudad de Tamanrasset es el lugar donde se encuentra la tumba de la reina Tin Hinan quien, según la leyenda, vino de las montañas Tafilalet, región de la cordillera del Atlas en Marruecos.
El ardiente sol argelino, las interminables dunas, horizontes infinitos, verdes oasis, solitarias palmeras que se mecen con la suave brisa del atardecer, la luna sobre un pálido azul, los castillos del desierto… Desolados mundos de recóndita belleza.

NÍGER
Agades es una ciudad situada en el desierto del Sahara, en el centro de Níger y en la región denominada Azbine. Fue fundada antes del siglo XIV y gradualmente fue convirtiéndose en la ciudad más importante de los tuareg. Creció gracias al transporte y el comercio sahariano. Su economía está basada en la sal de Bilma que traen las caravanas.
Muy a menudo en Agades en el borde del desierto del famoso Teneré, es el punto de partida de lo que los migrantes subsaharianos denominan “el camino del infierno” es decir la travesía del desierto de Libia hasta Sabha. Se trata de una extensión de terreno muy difícil de cruzar, a cargo de los traficantes, y por desgracia, muchas personas no consiguen atravesarlo. Hay un testimonio de un joven que sí logró atravesarlo y describió este desierto como un cementerio debido a la gran cantidad de cadáveres que vió.
Una parte de la región del Teneré fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conjuntamente con las montañas de Air, con el nombre de Reservas Naturales del Air y el Teneré.
El arte rupestre del Sahara central y oriental debe su fama principalmente a los frescos de Tassili n’Ajjer, pero también es muy abundante en Ahaggar, Tibesti, Bourkou y Ennedi.
Esta zona de Agades y el Teneré tiene un clima muy riguroso, muy a pesar de ello la región se tiene constancia de que ha estado habitada desde el Paleolítico, hace al menos 60.000 años.

CHAD
En esta relación de enclaves míticos del Sahara no puede faltar la Guelta d’Archei, al noreste del Chad. Se encuentra en la meseta de Ennedi, al sureste de la ciudad de Fada. Está habitada por varios tipos de animales, especialmente el cocodrilo del Nilo.
Los restos del Holoceno medio, así como las pinturas rupestres, indican que esta especie una vez prosperó en la mayor parte del desierto del Sahara actual y en los pantanos y ríos a lo largo de las costas del sur del Mediterráneo.
El pequeño grupo de cocodrilos supervivientes en la Guelta d’Archei, representa una de las últimas colonias conocidas en el Sahara de hoy. Es un lugar estéril, lejos de caminos trillados. Alcanzarlo por tierra requiere un vehículo todo-terreno y por lo menos cuatro días de viaje desde N’Djamena, la capital del Chad.
En pocos lugares del mundo, el viajero occidental encuentra ocasión de someterse a una experiencia tan intensa como apasionante.
Horas y más horas de horizontes infinitos, de pensamientos perdidos, quizá sueños inalcanzables. Un tiempo vacío, de reflexión, de inmensas dudas, de tribulaciones y sosiego al mismo tiempo, hasta encontrar la auténtica paz interior. Una búsqueda de la felicidad eliminando el sufrimiento.
Un viaje al mítico desierto del Sahara puede ser una incursión a lo más profundo de la mente, al encuentro de uno mismo. Una experiencia, sin duda, inolvidable.

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SAHARA

- 1ª parte -

EL MAYOR DESIERTO DEL PLANETA


Océanos de arena hasta el infinito… El Sahara se extiende desde la costa atlántica de África hasta el Mar Rojo: 5.500 kilómetros de largo por 1.800 de ancho. Este enorme desierto es un lugar misterioso e infinito, un experimento de la arquitectura paisajística en el que se utilizan repetidamente y hasta el límite de sus posibilidades unos pocos diseños básicos de arena, grava y montañas.
Las dunas de arena tienen una regularidad sin precedentes en la naturaleza; las montañas son rigurosamente ásperas; las llanuras de grava son a escala oceánica lisas e inmutables durante días y días. En el desierto abierto el cielo se extiende opresivamente por todo lo ancho del horizonte, mientras que en los cañones excavados en la arenisca apenas resulta visible.
Tal paisaje puede parecer monótono. Pero, sin duda, estas líneas simples y ordenadas poseen una pureza que falta en los lugares convencionalmente bonitos. Aquí, sin ningún manto vegetal que pueda ocultar la evidencia del pasado, la historia del paisaje y las fuerzas que lo elaboraron se muestran con toda su evidencia, y cualquier lagarto, cuervo o acacia no hace más que subrayar las dificultades con que la vida se ha adaptado a estas duras condiciones.
El Sahara es el desierto cálido mayor del mundo, abarca la casi la totalidad de África del Norte, ocupando una extensión casi tan grande como Estados Unidos. Se extiende desde el Mar Rojo, incluyendo partes de la costa mediterránea, hasta el océano Atlántico. Hacia el Sur está delimitado por el Sahel, un cinturón de sabana semiárida tropical que conforma las regiones que cubren el norte del África subsahariana.

UNA EXTENSA GEOGRAFÍA
El Sahara cubre amplias zonas de varios países, entre ellos Marruecos, Argelia, Chad, Egipto, Libia, Malí, Mauritania, Sahara Occidental, Níger y Túnez.
Las formas terrestres del desierto del Sahara han sido progresivamente esculpidas tanto por el viento como por lluvias ocasionales. Este efecto del tiempo y el clima ha dado forma a las dunas de arena y a los campos de dunas o mares de tierra (erg), a los valles de roca (hamada), las planicies de gravilla (reg), los valles secos y los salares (chott). Existen además formas terrestres inusuales como las estructuras de Richat de Mauritania.
Algunas de las dunas de arena de este desierto pueden alcanzar hasta los 200 metros de altura.
El Sahara contiene multitud de montañas profundamente disecadas así como cordilleras montañosas, siendo algunas de ellas volcánicas. Entre estas formaciones montañosas se incluyen las montañas de Air, las Ahaggar, el Atlas sahariano, las Tibesti, el Adrar de los Iforas y las colinas del Mar Rojo. El punto más alto de todo el desierto es el Emi Koussi, un volcán en escudo en el macizo de Tibesti, ubicado en el norte de Chad.
La mayor parte de los ríos y corrientes son estacionales o intermitentes, siendo la única y principal excepción el río Nilo, que cruza el desierto desee su fuente en África central para desembocar en el Mediterráneo. Los acuíferos subterráneos en ocasiones pueden alcanzar la superficie formando oasis, como por ejemplo los de Bahariya, Gardaya, Timimoun, Kufra y Siwa.
La parte central del Shara es hiperárido, con escasa vegetación. Los extremos norte y sur del desierto, junto con sus zonas altas, tienen áreas de pasto y matorrales xerófilos, con árboles y arbustos más altos en los wadis donde la humedad se concentra.
En su límite norte, el Sahara alcanza hasta el mar Mediterráneo en Egipto y en parte de Libia. En la Cirenaica y el Magreb hace frontera con las ecoregiones de bosque y matorral que disponen de un clima mediterráneo caracterizado por una estación de invierno lluviosa.
Hacia el Sur, el Sahara está limitado por el Sahel, un cinturón de sabana tropical seca con una estación de verano lluviosa que se extiende a través del continente africano de esta a oeste.

CLIMA
El clima del Sahara ha sufrido enormes variaciones en el tiempo, oscilando desde estado húmedo hasta seco durante los últimos cientos de miles de años. Esta variabilidad se debe a un ciclo de 41.000 años en el que el eje de la tierra cambia entre 22º y 24,5º. Actualmente nos encontramos en un periodo seco, pero se espera que vuelva a ser verde el Sahara en unos 15.000 años.
En general se considera que en la actualidad tiene uno de los climas más severos del mundo. El frecuente viento norte-este suele provocar tormentas de arena y pequeños tornados. Cuando este viento alcanza el Mediterráneo, se conoce como siroco y suele alcanzar velocidades de huracán en el norte de África y en el sur de Europa. La mitad del Sahara recibe menos de 20 mm. de lluvia al año y el resto recibe anualmente no más de 100 mm.
Las precipitaciones tienen lugar de modo muy poco frecuente, pero cuando ocurren suelen hacerlo torrencialmente, tras largos periodos secos. La frontera sur del Sahara, medida por la cantidad de precipitaciones, ha avanzado y después se ha retirado entre los años 1980 y 1990. Como resultado de la sequía en el Sahel, la frontera sur se desplazó más hacia el sur, al menos 130 kilómetros durante este periodo.
El 18 de febrero de 1979, la nieve cayó sobre numerosos lugares del sur de Argelia, incluyendo una tormenta de nieve de media hora de duración que detuvo el tráfico en Ghardaia, y fue considerada como la primera vez desde  que se tiene constancia. La nieve desapareció en cuestión de horas. Numerosas cordilleras saharianas, no obstante, reciben nieve con más regularidad. Aunque la humedad relativa es baja en los entornos áridos, la humedad absoluta es lo suficientemente elevada para que se condense en las latitudes montañosas altas. En invierno, las temperaturas caen lo suficiente en la cumbre del Tahat para provocar nevadas cada tres años de media. Las montañas Tibesti reciben nieve en sus picos por encima de los 2.500 metros una vez cada siete años de media.

ECOREGIONES
El Sahara comprende diferentes ecoregiones distintivas, que con su variabilidad en términos de temperatura, lluvia, elevación y suelo, albergan distintas comunidades de plantas y animales.
El desierto costero atlántico es una estrecha franja a lo largo de la costa atlántica, donde la niebla generada en el litoral por la fría corriente de las islas Canarias, provee de suficiente humedad para sostener toda una variedad de líquenes, suculentas y matorrales. Cubre 39.900 kilómetros cuadrados en Sahara Occidental y Mauritania.
Las estepas y bosques nord-saharianos se suceden en el norte del desierto, cerca de las regiones de bosque mediterráneo del norte del Magreb y de Cirenaica. Las lluvias de invierno mantienen matorrales y bosques secos que forman un paisaje de transición entre el clima mediterráneo y el auténtico clima hiperárido del Sahara hacia el sur. Cubre 1.675.300 kilómetros cuadrados de Argelia, Egipto, Libia, Mauritania, Marruecos, Túnez y el Sahara Occidental.
La ecoregión del desierto del Sahara cubre la porción hiperárida donde la lluvia es mínima y esporádica. La vegetación es infrecuente, y está formada principalmente por dunas de arena (erg, chech, raoui) y salares. Cubre unos 4.639.900 kilómetros cuadrados de Argelia, Chad, Egipto, Libia, Mali, Mauritania, Níger y Sudán.
La estepa y sabana arbolada del Sahara meridional es una ecoregión que se extiende por una estrecha banda que va del este al oeste entre el Sahara hiperárido y las sabanas del Sahel hacia el sur. Los movimientos de la zona de convergencia intertropical ecuatorial traen lluvias veraniegas durante los meses de julio y agosto que tienen de media entre 100 y 200 mm., pero varían ampliamente de año en año. Estas lluvias mantienen los pastos de hierba en verano, con bosques secos y matorrales que se suceden junto a los cursos de agua estacionales. Esta región se extiende por 1.101.700 kilómetros cuadrados de Argelia, Chad, Mali, Mauritania y Sudán.
En el monte xerófilo del Sahara Occidental, varias tierras altas volcánicas proveen de un entorno más frío y húmedo, que permite la existencia de bosques y zonas de matorral. La región cubre 258.100 kilómetros cuadrados, mayoritariamente en el Tassili n’Ajjer de Argelia, con pequeños enclaves en el Air de Níger, la Meseta de Adrar en Mauritania y el Adrar de los Iforas en Mali y Argelia.
El monte xerófilo del macizo del Tibesti y el monte Uweinat es una ecoregión formada por las tierras altas del Tibesti y el monte Uweinat. Lluvias altas y más regulares, así como temperaturas más templadas permiten la existencia de bosques de palmeras datileras, acacias, myrtus, adelfas, tamariscos y muchas plantas poco frecuentes y endémicas. Esta región cubre 82.200 kilómetros cuadrados en el Tibesti de Chad y Libia, y Jebel Uweinat en la frontera de Egipto, Libia y Sudán.
El Sahara halófita es un área de depresiones salinas estacionalmente inundadas que acoge comunidades de plantas adaptadas a la sal de halófitas.
La halófitas saharianas llegan a cubrir 54.000 kilómetros cuadrados abarcando las depresiones de Qattara y de Siwa en el norte de Egipto, los lagos de sal de Túnez central, el Chott Melghir de Argelia y pequeñas áreas de Argelia, Mauritania y Sahara Occidental.
El Tanezrouft es una de las regiones más duras del planeta y de las más secas del Sahara, con ninguna vegetación y muy escasa vida. Se encuentra a lo largo de las fronteras de Argelia, Níger y Mali, al oeste de las montañas Ahaggar.

FLORA Y FAUNA
Los dromedarios y las cabras son los animales domésticos que se pueden encontrar con mayor frecuencia en el Sahara. Dadas sus cualidades, en especial de resistencia y velocidad, dromedario es el animal favorito de las poblaciones nómadas.
El escorpión amarillo puede medir diez centímetros de largo. Su veneno contiene una importante cantidad de toxinas y es muy peligroso. No obstante, un pinchazo de este escorpión raramente puede matar a un hombre adulto.
Varias especies de zorro viven en este desierto, incluyendo el fenec, el zorro pálido y el zorro de Rüppell. El addax, un gran antílope blanco puede pasar cerca de un año en el desierto sin beber agua. La gacela dorcas también puede pasar largas temporadas sin hidratarse. Otras gacelas notables incluyen a la gacela blanca y la gacela dama.
El guepardo del Sahara vive en Argelia, Togo, Níger, Mali, Benin y Burkina Faso. Quedan menos de 250 ejemplares que son muy precavidos, huyendo de cualquier presencia humana. El guepardo evita el sol desde abril hasta octubre, buscando cobijo en los matorrales y acacias. Son extraordinariamente pálidos y no se parecen demasiado a los que habitan en la sabana africana.
Otros animales de esta zona incluyen varánidos, víboras de las arenas, así como pequeñas poblaciones de perros salvajes y ocasionalmente avestruces. También existen pequeños cocodrilos del desierto en Mauritania y en la meseta de Ennedi de Chad.
En lo que se refiere a la flora, se estima que el Sahara central tiene unas quinientas especies de plantas, una cifra muy baja teniendo en cuenta la inmensa extensión del desierto. Plantas como las acacias, palmeras, suculentas, matorrales espinosos y diferentes pastos se han adaptado a las áridas condiciones, creciendo menos para evitar la pérdida de agua como consecuencia de los fuertes vientos, almacenando agua en sus gruesos tallos para utilizarla en los periodos secos.
La actividad humana afecta con frecuencia el hábitat en áreas donde existe agua permanentemente (oasis) o donde el agua aparece cerca de la superficie. En estos lugares, la presión sobre los recursos naturales puede llegar a ser intensa. Las poblaciones de mamíferos han sufrido esta presencia humana, habiéndose reducido su número como consecuencia de la caza y de otras actividades humanas.

HISTORIA
NUBIOS, EGIPCIOS, FENICIOS Y GRIEGOS
Durante el Neolítico, antes de que la desertización se pusiera en marcha, en torno al año 9.500 a.C., la zona del Sudán central había sido un rico entorno que daba sustento a importantes poblaciones que habitaban zonas ocupadas actualmente por el desierto, como el Wadi el-Qa’ab.
Hacia el quinto milenio a.C. los pueblos que habitaban lo que actualmente se conoce como Nubia, participaron de lleno en la llamada “revolución agrícola”, llevando un estilo de vida sedentario y domesticando plantas y animales. El arte rupestre que se conserva en rocas del Sahara indica la presencia de un culto al ganado similar al que se puede encontrar en Sudán y en otras sociedades africanas actuales dedicadas al pastoreo.
Hacia el año 6.000 a.C. los egipcios predinásticos que habitaban el suroeste de Egipto ya pastoreaban ganado y se dedicaban a la construcción de importantes edificaciones. La subsistencia de los asentamientos organizados y permanentes de Egipto Predinástico de mediados del milenio seis a. C. se centraban predominantemente en el cereal y en la agricultura animal: ganado, cabras, cerdos y ovejas. Los objetos metálicos sustituyeron a los anteriores de piedra. El trabajo y tintura de la piel animal, la cerámica y el tejido eran habituales en esta era. Existen indicaciones de una ocupación temporal o por estaciones de la ciudad de Fayún en el sexto milenio a. C, centrándose las actividades alimentarias en la pesca, la caza y la recolección de alimentos. Algunas puntas de flecha, cuchillos y espátulas de esta era se encuentran aquí con facilidad. Entre los objetos encontrados en enterramientos se encuentran cerámica, joyas, utensilios de labranza y de caza, así como comidas preparadas que incluyen carne seca y fruta. El enterramiento en entornos desérticos parece preceder y promover los ritos egipcios de preservación, enterrándose a los muertos además mirando hacia el oeste.
Hacia el año 3.400 a. C, el Sahara era tan seco como lo es hoy en día, como consecuencia de una reducción en las precipitaciones y un aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio en la órbita terrestre, convirtiéndose en una barrera prácticamente impenetrable para los humanos. Solo dispersos asentamientos, normalmente centrados en torno a oasis, se pueden encontrar a partir de entonces. Sin embargo, poco comercio discurría a través del desierto. La única gran excepción era el Valle del Nilo. El Nilo, no obstante, era imposible de cruzar en diferentes cataratas haciendo el comercio y el contacto por barco difícil.
El pueblo de Fenicia, que floreció en torno a 1.200 a. C. - 800 a. C., creó una confederación de reinos a través de todo el Sahara hasta Egipto. Generalmente se asentaban a lo largo de la costa Mediterránea, así como en el Sahara, entre los pueblos de la antigua Libia que son los ancestros de los pueblos que hablan lenguas bereberes en el norte de África y el Sahara actual, incluyendo los tuareg del Sahara central.
El alfabeto fenicio parece haber sido adoptado por los antiguos libios del norte de África, siendo este Tifinagh todavía utilizado por los pastores de camellos que hablan bereber en el Sahara central actual.
En algún momento entre los años 633 y 530 a. C Hannón el Navegante bien estableció o bien reforzó las colonias fenicias del Sahara Occidental, pero cualquier posible resto antiguo ha desaparecido sin dejar prácticamente ningún rastro.
Hacia el año 500 a.C. los griegos llegaron al desierto. Los comerciantes se dispersaron por la costa este del desierto, estableciendo colonias comerciales en la zona del mar Rojo. Los cartagineses exploraron la costa Atlántica del desierto, pero la turbulencia de las aguas y la falta de mercados explican la escasa presencia más hacia el sur del moderno Marruecos. Los estados centralizados, por lo tanto, rodeaban el desierto tanto al norte como al este, si bien el desierto permaneció fuera de su control. Los ataques de los pueblos nómadas bereberes del desierto eran una causa de preocupación constante para los que vivían en los límites del desierto.

                                                                              Continuará

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